Del tedio se derivan mis divagaciones, del tedio y todo lo que trae consigo, de ahí estas extrañas reflexiones, me he cuestionado anoche mientras la soledad cobijaba todo con su encantador manto y el silencio me servía de aliado para comenzar a perder la razón entre los laberintos de mis pensamientos; anoche cuando sólo ella escuchaba y yo a ella le hablaba, mientras la soledad nos mecía en su regazo con la canción del silencio inundando la habitación, sólo el respirar, sólo mi respirar, y mi pensar, que se hacia casi perceptible con tanta presencia del silencio, y en ese instante de solo escuchar mi respirar y casi poder percibir en ondas sonoras mi pensar, fue cuando la primera idea llego, viajo desde el mundo donde todo es en su esencia real y llego a depositarse en mi pensar, entonces me cuestioné sobre el objeto del vivir, sobre los delirios, sobre el equilibrio perfecto, y es que al perecer he perdido la noción del sentido de vivir, pues que sentido tiene vivir, si al final todo lo que hagamos en vida y todo por lo que intentemos luchar será retirado de nuestras manos al momento de morir, para qué vivimos si todos vamos a morir, y es lo único de lo que podemos estar seguros (ni siquiera de lo que en mi mente encuentro, por que cómo saber si yo lo puse ahí o alguien más influyó y lo dejo aquí para mí) ahora qué objeto tiene vivir, ¿el ser felices?, pero la felicidad no nos va a acompañar después de la muerte, es relativa como todo en la vida, lo que hoy tenemos mañana es de alguien más por obra divina, y nada nos pertenece, ni la vida misma, sólo la muerte que a todos nos aguarda impaciente, pues la felicidad de ayer es hoy para mi el más grande de mis penas, y la penas de mi ayer son hoy ya sólo recuerdos que me dan fuerzas, así las alegrías de hoy serán mañana penas, y el dolor, probablemente se convierta en fuerzas, pero NADA PERMANECE todo continua en constante devenir, incluso mis ideas que saltan entusiasmadas por encontrar su turno para plasmarse en el papel, se van se cansan, regresan ya cambiadas, vuelven a irse, regresan y en algún instante desaparecen, entonces, para qué vivir si todo lo que hoy poseo va a dejar de ser, ahora, a mí que soy fanática de los delirios y que me entrego completamente a ellos sin pensarlo dos veces, he comprendido que no tiene motivo alguno entregarme por completo, ni al amor, ni a mi amante, ni a mi pasión, ni al dolor, porque al final la recompensa es NADA, tan solo la ausencia de esos excesos, y la enfermiza necesidad de aquel objeto de mis delirios, la dependencia completa de algo externo a mis sentidos, de ahí surge el equilibrio perfecto, el hallar el punto medio del amor, del dolor, de la pasión, por que amor en exceso se convierte en obsesión, dolor al mismo grado pasa a ser amargura, y pasión desenfrenada llega a la lujuria, el punto medio, el equilibrio perfecto, pero ahora ¿existe acaso, un equilibrio perfecto para la vida? Y si es así, con los planteamientos anteriores de mi divagada mente, no tendría tampoco sentido alguno, porque al final aunque hayamos encontrado el secreto de la felicidad o el perfecto punto medio de la vida, la muerte nos arrebatará todo eso para dejarnos como vinimos al mundo, SOLOS, solos con nosotros mismos, entiendo ahora lo que dicen sobre que nos tenemos a nosotros mismos, quizá sea lo único seguro que podemos tener además de nuestra muerte, saber que estamos nosotros mismos y que hay un destino final que aguarda por nosotros, y luego, ¿por qué motivos continuar, si ahora sé que al final con NADA voy a terminar, para qué la felicidad si otra vez como aire entre las manos se me va a escapar, para qué el amor si otra vez como el más cruel verdugo me torturará para después retirarse campante, para qué la pasión si sólo unos instantes estará para ir en busca del verdugo y huir de mí otra vez, y para qué la vida, si al final nunca será completamente mía, y también se me va a escapar?...
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